Reparar (y mejorar) los dedos de los pies

No es un objetivo imposible, pero requiere poner en práctica –y ser capaz de mantener– una serie de cuidados, especialmente en la parte más delicada: los dedos. Son ellos los que reciben casi la totalidad de los impactos del caminar y de los zapatos, además de que en su apariencia la genética tiene mucho que decir.

Lo que tus pies dicen de ti

Lo que parece claro es que la imagen que tengan revela con bastante certeza nuestros hábitos, en especial el calzado que usamos y con qué frecuencia recurrimos a zapatos poco adecuados.

Que los dedos de los pies se acaben deformando por ese uso no solo es una cuestión estética. Donde hay deformidad… acaba habiendo dolor. Y no solo de los pies. Cuando el apoyo no es el adecuado –por esa alteración en los dedos– la cadera, las rodillas y la espalda en su conjunto se resienten. A largo plazo, se genera un dolor difícil de solventar.

Una solución para cada problema

Acudir regularmente a un podólogo es una buena inversión porque de esa forma evitas dolores posteriores. Pero tú también puedes hacer mucho por la salud de tus pies:

  • Dedo gordo enrojecido y caliente. Si aparece enrojecimiento, hinchazón, una extrema sensibilidad, dolor y sensación de calor puede ser debido a un problema de gota, generada por la acumulación de unos microcristales de sal de ácido úrico (urato monosódico) que acaban inflamando la articulación.

Para solucionarlo… Analiza tu alimentación y reduce todo aquello que aumente los niveles de ácido úrico: carnes rojas, vísceras, caldos precocinados, cubitos de sopa, fiambres y embutidos, anchoas, sardinas, levadura de cerveza… Te conviene, por el contrario, beber mucha más agua y quizá tomar un suplemento de magnesio para que contrarreste la acidificación del organismo (y que está favoreciendo esa acumulación de ácido úrico). Para aliviar el dolor, aplica sobre la zona un poco de hielo envuelto en un paño.

  • En el dedo meñique. ¿Sabías que los expertos auguran que, con el tiempo, desaparecerá? Fue necesario en su momento pero la evolución que ha seguido la raza humana lo hace hoy totalmente prescindible. Y, además… molesta. Es frecuente que roce casi con cualquier calzado y que acabe apareciendo el llamado Juanete de sastre (el dedo sale hacia fuera y aparece un bulto en la zona externa del dedo).

Para solucionarlo… Coloca protectores y juaneteras. Algunas marcas los elaboran con aceites esenciales para proporcionen mayor alivio. Se colocan sobre el dedo y evitan el roce en esa zona. Pero ten en cuenta que quizá necesites entonces un zapato más holgado. De nada servirá que vuelvas a enfundar tus pies en zapatos de gran tacón y el dedo meñique quede, de nuevo y ahora ya con el protector, aprisionado.

  • Dedos en garra o en martillo. Se encojen y, visualmente, parecen una garra. Puede ocurrir con todos excepto con el dedo gordo. A veces es un problema heredado en la familia y en otras ocasiones se debe a una longitud excesiva de los dedos o –de nuevo– a un calzado poco “saludable”.

Para solucionarlo… Si hace poco que han aparecido, las plantillas y férulas de silicona (las encuentras en las farmacias) resuelven el problema. Si llevas meses o años con él, resultará más complicado corregirlo y quizá sea necesario someterse a cirugía correctora (en el caso de que impida andar correctamente o provoque mucho dolor). Recuerda también que el origen de todo puede estar en un pie cavo (con demasiado “puente”) o en un pie plano –los dedos intentan “agarrarse” al suelo en un intento de buscar más estabilidad– y que, en esos casos, convendría aplicar otras medidas correctoras.

  • Callos sobre los dedos. En la parte superior o pulpejo pueden aparecer unas redondeces enrojecidas y dolorosas. Son callos (helomas, en su término médico), que se deben al roce y presión del calzado.

Para solucionarlo… Asegúrate de calzar el número correcto y no abuses de los tacones muy altos porque, al quedar presionados los dedos, favorecen ese roce y la aparición de callosidades. Es posible eliminar el tejido muerto y “limpiar” la zona para rebajar el callo. Se consigue con unas pequeños raspadores de pedicura que se venden en muchos supermercados y en farmacias. Luego, conviene colocar una férula de silicona que envuelva la zona. Así se logra gran mejoría.

  • Callos entre los dedos. Se conocen como Exóstosis Interdigital y, al igual que los anteriores, se producen porque el pie queda demasiado aprisionado en el zapato. Suele ocurrir, sobre todo, con los dedos más pequeños (4.º y 5.º dedo).

Para solucionarlo… Coloca una pieza de silicona entre ellos para disminuir el roce continuo (y evita el calzado muy prieto). Sin embargo, cuando el callo ha provocado ya deformidad del dedo –o a la inversa porque la deformidad puede dar lugar a esas durezas– quizá sea necesario recurrir a la cirugía. Si utilizas zapatos con cordones, recuerda no atarlos demasiado fuertes porque eso aumentará la presión sobre la zona superior de los dedos.

Otras medidas que alivian y corrigen

  • Recurre a los masajes. Aunque algunas personas no llevan demasiado bien que les toquen los pies, masajearlos contribuye de manera muy eficaz a proporcionarles salud y bienestar. Aplica crema o loción en tus manos, fricciónalas para calentarlas y luego procede a masajearte los pies. Dibuja círculos con tus dedos pulgares en la planta y luego en la zona superior para, finalmente, centrarte en los dedos. Presiónalos suavemente con tus manos y masajea también la zona entre ellos. Hazlo durante 2 o 3 minutos.
  • Pequeños estiramientos. Finaliza el masaje cogiendo el dedo (pero no desde su parte más externa, la punta, sino desde el área más cercana al pie) y estirando suavemente hacia fuera. Hazlo con cada uno manteniendo el pequeño estiramiento 5 o 6 segundos. De esta forma logras estirar el tendón (es el mismo para todos los dedos, ya que viene de la rodilla) y se van enderezando los dedos.
  • Ejercítalos. Para evitar que los tendones de tus dedos se vuelvan cada vez más rígidos y se vayan doblando (curvando los dedos), haz estos sencillos ejercicios: coloca un paño o toalla pequeña sobre el suelo y, usando los dos pies, intenta arrugarla lo más posible usando los dedos de ambos pies. Luego, vuelve a extender y repite dos veces más. El segundo “juego” permite ganar aún más flexibilidad y movilidad: coloca unas canicas o pelotas muy pequeñas en el suelo e intenta cogerlas con los dedos. Usa, sobre todo, aquellos que tengan alguna deformidad, es decir los que estén en garra o en martillo.

 

 

 

 

 

 

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